La
discriminación: una afrenta para una sociedad democrática
Virtualmente
en toda su historia, Estados Unidos se ha visto obligado
a confrontar ese tipo de cuestiones para resolver
gran variedad de asuntos que afectan a las minorías
y a otros grupos desfavorecidos, desde la penosa lucha
contra la esclavitud y sus vestigios, y la expansión
de los principios de igualdad en el país contra la
discriminación de género y otras de tipo no racial,
hasta los intentos de definir y garantizar un campo
de juego competitivo y nivelado para la población
discapacitada, o los esfuerzos recientes para que
la orientación sexual se incluya entre los derechos
del individuo a lo confidencial protegidos por la
ley.
Varios
temas básicos han impregnado todos y cada uno de esos
movimientos. El primero es la idea de que ciertas
formas de discriminación son una afrenta al concepto
mismo de la sociedad abierta y democrática. El presidente
John F. Kennedy evocó con elocuencia este principio
en su discurso a la nación a raíz de la integración
de la Universidad de Alabama, por orden de la corte
en 1963, contra la oposición del gobernador segregacionista
del estado, George Wallace. Esa tarde, el presidente
dijo: “Espero que todos los estadounidenses, no importa
dónde vivan, examinen su conciencia sobre éste y otros
incidentes de ese tipo. El país fue fundado por gente
de muchas naciones y orígenes. Fue creado sobre el
principio de que todos los hombres han sido creados
iguales y que los derechos de todos sufren menoscabo
cuando los derechos de un hombre son amenazados”.
Más
tarde en ese verano, Martin Luther King, Jr., el líder
más importante de los derechos civiles en aquella
época, expresó en forma conmovedora otro de los lemas
básicos del movimiento por la igualdad, en su discurso
“Tengo un Sueño”, que fue el clímax de la marcha a
Washington realizada en ese año a favor de los derechos
civiles. Al hablar ante una multitud de 200.000 personas
en el monumento al presidente Abraham Lincoln, quien
firmó la proclamación de la emancipación que puso
fin a la esclavitud, el Dr. King lamentó la falta
de equidad de una sociedad donde la política pública
y la práctica privada se basan en estereotipos sobre
el valor de los seres humanos. “Tengo el sueño”, proclamó
King, “de que mis cuatro hijos pequeños vivirán un
día en una nación en la que no serán juzgados por
el color de su piel, sino por la firmeza de su carácter”.
Por último, los movimientos en defensa de minorías
de otros grupos desfavorecidos han sido motivados
por consideraciones prácticas basadas en el interés
propio y han ganado apoyo a partir de él. Si a una
sociedad se le permite discriminar a cierto tipo de
personas, ¿qué podrá impedir que lleve también a la
práctica sus demás prejuicios? Muchos ciudadanos se
percatan de que la discriminación contra los miembros
de una raza, religión, origen étnico o práctica u
orientación heterodoxa puede conducir a ataques contra
otros grupos escogidos. |