La
campaña contra la esclavitud
Bajo
la influencia de esas inquietudes, Estados Unidos
ha ampliado poco a poco los tipos de discriminación
que ya no está dispuesto a tolerar y ataca en la en
arena judicial, legislativa y ejecutiva, y también
en el tribunal de la opinión pública. La campaña contra
la esclavitud y sus vestigios ha sido la más frustrante
y larga de todas. Cuando el país festejaba el bicentenario
de la creación de su Constitución, en los años 80,
Thurgood Marshall, elegido en 1967 como el primer
afro-estadounidense que llegó a ser miembro de la
Corte Suprema de la nación, declaró que la gente de
su raza tenía pocos motivos para aplaudir la promulgación
de la Constitución original. Lejos de eso, dijo Marshall,
los afro-estadounidenses deberían reservar sus elogios
para la 13ª, 14ª y 15ª Enmiendas a la Constitución,
los decretos de la Guerra Civil y de la época de la
Reconstrucción en contra de la esclavitud y la discriminación
en el voto y otras esferas de la vida nacional.
Se
puede argumentar que el magistrado Marshall acertó
en muchos aspectos. Después de todo, la Constitución
original de 1787 dispuso que un esclavo contara como
tres quintas partes de una persona al determinar la
población de cada estado y, por ende, el número de
sus delegados en la Cámara de Representantes, es decir,
la cámara baja del Congreso nacional. La Constitución
contenía también una disposición que prohibió hasta
1808 la aprobación de cualquier enmienda o estatuto
que restringiera la importación de esclavos, y garantizó
a los dueños de éstos la devolución de los esclavos
fugitivos, aunque éstos hubieran huido a estados donde
la esclavitud estuviera proscrita por la ley. Más
aún, en vísperas de la sangrienta Guerra Civil de
la nación por la causa de la esclavitud y otros temas
conexos, la Corte Suprema resolvió, en el caso Dred
Scott vs. Sandford (1857) que los afro-estadounidenses,
libres o esclavos, no eran ciudadanos de los EE.UU.
y estaban excluidos de los derechos que la Constitución
otorga al ciudadano.
Después
de la Guerra Civil, el Congreso aprobó y los estados
ratificaron una serie de enmiendas a la Constitución,
a fin de garantizar todos los derechos de ciudadanía
a los ex esclavos liberados durante la guerra por
medio de la Proclamación de Emancipación del presidente
Lincoln en 1863. La disposición clave de la 14ª Enmienda,
ratificada en 1868, es: “Ningún estado formulará ni
pondrá en vigor ley alguna que menoscabe los privilegios
o prerrogativas de los ciudadanos de los Estados Unidos;
así mismo, ningún estado podrá privar de la vida,
la libertad o la propiedad a una persona, sin el debido
proceso de ley; tampoco podrá negar la protección
de las leyes en un plano de igualdad a persona alguna
en su jurisdicción”. La aprobación y aplicación inicial
de esas enmiendas de la Reconstrucción sólo puso un
alto parcial y temporal a la discriminación contra
las minorías en los EE.UU. En el ejercicio de sus
facultades para poner en vigor las disposiciones de
las enmiendas, el Congreso aprobó varios estatutos
importantes sobre derechos civiles. La Ley de derechos
Civiles de 1875, por ejemplo, prohibió la segregación
o discriminación racial en transportes públicos, hoteles
y teatros. No obstante, aun el Congreso que aprobó
la 14ª Enmienda autorizó la segregación en las escuelas
de Washington, D.C., la capital de la nación. Más
aún, a medida que el entusiasmo nacional por la Reconstrucción
fue decayendo en las décadas de 1870 y 1880, la Corte
Suprema interpretó con demasiada estrechez o, alegando
inconstitucionalidad, suprimió esas leyes de derechos
civiles que el Congreso había adoptado. |